Un crítico y un pianista, amigos íntimos pero no del todo

Un conjunto de 35 discos de las notables grabaciones de Peter Serkin reaviva los recuerdos de nuestro crítico sobre sus carreras cruzadas.

El pianista Peter Serkin a finales de los 80. Una nueva colección de sus grabaciones recoge música de Beethoven, Berio, Chopin, Mozart, Takemitsu, Stravinsky, Schoenberg y otros.

Anthony Tommasini

El pianista Peter Serkin debutó en Nueva York con apenas 12 años. Pero su verdadera presentación al público -como artista de méritos propios, no sólo como hijo del renombrado pianista Rudolf Serkin- llegó seis años después, en 1965, con su grabación de las Variaciones «Goldberg» de Bach.

Los críticos alabaron una interpretación vibrante, elegante y clara. Muchos destacaron la excepcional madurez de la interpretación de este adolescente.

Esa grabación me impresionó mucho. Apenas un año más joven que Serkin, yo era entonces un pianista serio que planeaba dedicarse a la música en la universidad. Pero nuestros orígenes no podían ser más diferentes. En mi familia no había músicos; mi talento y mi pasión parecían surgir de la nada. Serkin había heredado el manto de la música clásica como un derecho de nacimiento que se remontaba a varias generaciones, y había recibido la mejor formación imaginable.

Aún así, sentía que él y yo éramos almas gemelas, aunque en aquel momento no podía explicar por qué. Escuchando hoy esa notable grabación de Bach, entiendo mejor lo que me afectó tan profundamente.

Serkin, en primer plano, tocando con su padre, el eminente pianista Rudolf Serkin.